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Las cinco causas de los argentinos

Frente al modelo privatista, al saqueo de nuestros recursos naturales, la pérdida de soberanía, la desindustrialización, la mega-contaminación y la degradación de la política, sostenemos que se puede romper la continuidad neoliberal y transformar nuestro país. Reconstruyendo una ética pública que sostenga como primera verdad cuidar lo que es de todos y llame a la participación y cooperación de los argentinos, te proponemos que nos acompañes en cinco batallas que creemos imprescindibles afrontar:

  • 1ª batalla: terminar con la sangría de recursos.
  • 2ª batalla: acabar con las desigualdades
  • 3ª batalla: reconstruir el Estado
  • 4ª batalla: recuperar a la Argentina productiva y soberana
  • 5ª batalla: democratizar la democracia y recuperar el sentido de lo público.


  • 1ª batalla: terminar con la sangría de recursos

    Los recursos naturales son la herencia con que cuentan los pueblos para financiar su desarrollo. Contrariamente a lo que se informa, Argentina cuenta con una riqueza extraordinaria. Las reservas de los yacimientos hidrocarburíferos en producción ascienden a más de u$s 130.000 millones de dólares, con reservorios no explotados en nuestro mar. Somos además la sexta reserva de minerales del planeta, con yacimientos de oro, cobre, plata, molibdeno y 60 metales más, valuados en más de u$s 200.000 millones. Poseemos también una extraordinaria riqueza marítima y fluvial. Sin embargo, las privatizaciones petroleras de Menem le costaron al país una pérdida superior a toda su deuda externa. Actualmente, el kirchnerismo ha profundizado esta política depredatoria, transformándonos en la Potosí del siglo XXI. Se entregó Cerro Dragón –el mayor yacimiento de petróleo del país- y se premian las exportaciones de las multinacionales mineras con subsidios del 2,5 al 7%, mientras dejan fuera del país el 100% de sus ventas; al tiempo que los buques pesqueros de arrastre depredan nuestro fondo ictícola. No bastando, la argentina sufre una extraordinaria fuga de divisas y exportación de capitales por pagos de compromisos financieros que la Justicia Federal ha calificado de fraudulentos. Sólo en 2008, se han fugado más de 23.000 millones de dólares. Como en los tiempos coloniales, las riquezas del país se van al extranjero dejando poco o nada y una grave contaminación ambiental.

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    2ª batalla: acabar con las desigualdades

      Afirmamos que recuperando las rentas de los recursos naturales y financieros, podemos terminar con las enormes desigualdades sociales que padece nuestra población: 14 millones de pobres y 5 millones de indigentes, donde más de la mitad de esta población en situación de pobreza es menor de edad. Ello se traduce en insuficiencias sanitarias y educacionales. Privatización, desocupación, desigualdad, a lo largo de dos décadas, dejó como consecuencias una población vulnerable que en muchas oportunidades no encuentran más horizontes que insertarse en las estructuras del mercado criminal. Hoy se reavivan los pedidos de penalización de los menores que delinquen. Debemos complejizar las respuestas: ¿quién puede creer sin mentirse a sí mismo que la inseguridad se combate sin atacar las desigualdades sociales y el núcleo duro del problema: la corrupción en fuerzas de seguridad, corporaciones políticas y el Poder Judicial? Por ello, los enormes recursos que se fugan podrían ser utilizados para terminar con estos flagelos sociales, a través de asignaciones universales de recursos mínimos, aumentos jubilatorios y salariales y políticas de creación de empleos de gran escala.

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    3ª batalla: reconstruir el Estado

    En un país periférico como el nuestro, ningún proyecto de desarrollo puede ser viable sin la reconstrucción del Estado y el impulso de nuevas formas de propiedad, con participación y control ciudadano y un nuevo concepto de lo público. No se trata sólo de recuperar el rol de un Estado interventor, sino de darle un nuevo contenido y sentido a esa participación estatal. Recordemos, por un lado, que la “paradoja neoliberal” consiste en que el bendecido “Estado mínimo” precisa de una decisiva intervención estatal en beneficio de actores económicos y sociales específicos y, por el otro, que un Estado arrasado y colonizado por redes clientelares y corruptas han provocado su ineficiente funcionamiento. La respuesta es entonces reconstruir las sociedades de Estado que atiendan los servicios públicos y las principales industrias, con modelos de gestión y control basados en una ética de lo público, con participación de universidades, trabajadores, técnicos y usuarios.

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    4ª batalla: recuperar a la Argentina productiva y soberana

    En nuestro país, la desindustrialización y la destrucción de la soberanía nacional vinieron de la mano. Por lo tanto, sólo recuperando la soberanía en sectores como el comercio, las finanzas y los recursos estratégicos, podremos volver a tener un país con un desarrollado complejo industrial-tecnológico con producción científica del y para el país, en el marco de la cooperación con el resto de los países de nuestro continente. Bancos y crédito nacional, puertos y transportes, infraestructura energética con desarrollos alternativos sustentables, son las bases para la reindustrialización en torno a un polo de corporaciones industriales estatales - astilleros e industria naviera, talleres ferroviarios, ex fábrica nacional de aviación y áreas energéticas-. Sobre esta estructura básica podrán insertarse las pequeñas y medianas empresas, emprendimientos sociales, cooperativas y fábricas recuperadas, conformando una compleja red industrial integrada y solidaria. Asimismo, se promoverá la pequeña y mediana producción agropecuaria que contará con la ayuda de un Estado que le brindará seguridad y servicios eficientes con costos menores a los que obtiene hoy de los agentes monopólicos del sector. Una Argentina soberana y productiva deberá contar además con el fortalecimiento de la moneda nacional, la reorientación del crédito bancario y la promoción de un sistema impositivo progresivo que fomente el consumo popular.

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    5ª batalla: democratizar la democracia y recuperar el sentido de lo público.

    Democratizar la democracia implica implementar políticas sociales y culturales que tengan como objetivo lograr el pleno empleo, recuperar el ingreso real de los trabajadores, proteger los derechos de los pueblos originarios, reparar los derechos de los más débiles y democratizar la cultura y los medios de comunicación. Para ello, proponemos una reforma constitucional, política e institucional con mecanismos para ampliar la participación popular con revocatoria de mandatos. En paralelo, debemos reconstruir el sentido de lo público en la batalla cultural contra el neoliberalismo. Tenemos que devolver al país al estado de justicia: es el derecho de todo habitante a acceder a los bienes materiales y espirituales necesarios para una plena realización en sociedad. Pero sólo una verdadera política de redistribución del ingreso y salud, vivienda y hábitat, puede permitir luego una verdadera democratización de la educación, garantizar la recalificación laboral y el ingreso a las universidades y a los sistemas científicos, en este mundo del conocimiento.

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